¿Por qué estás aquí? Mi viaje a India…

2018-05-02 Kiret Naam

La pregunta al inicio del retiro fue: ¿por qué estás aquí?

Pensé que tenia una respuesta a eso, pero en realidad no tenia idea, en lo único que pensaba era que había esperado tanto este viaje que todo lo que pudiera pasar seria increíble. Lo que nunca imaginé es que este retiro me iba a sanar el alma, me iba a ayudar a cerrar ciclos en mi vida y darme esperanza a seguir adelante y luchar por mi.

 

Cada lugar que visité fue un reto a mis creencias, mi forma de pensar, mi duelo, mis miedos, mis alegrías, y era constante la pregunta en mi cabeza: ¿quién soy?

En este viaje me conocí a mi misma, vi de manera realista mis cualidades, virtudes y áreas de oportunidad, así como aceptarme tal y como soy. Cada oportunidad que tenía de platicar o convivir con mis compañeros o personas fuera del grupo, eran momentos en que podía ver mi propio reflejo.
Desde que decidí ser parte de este retiro, fui constante en mi práctica de kundalini yoga, sanaciones, terapia con cuencos de bronce del Himalaya y mi crecimiento espiritual  porque de alguna manera sabía que lo necesitaba y me iba a ayudar llegando al retiro, pero India me sorprendió de forma inexplicable porque no estaba lista para todos los  milagros que me sucedieron y mucho menos  ser testigo de otras sanaciones en mi grupo.


En la última parte del retiro, el maestro Jai Hari mencionó que en algunas ocasiones, lo que tu mente no quiere entender, el cuerpo te lo explica a su manera y era mejor soltar, dejar ir los miedos y confiar, antes de que el cuerpo te lo muestre. Sabiendo esto, creí que ya había sanado todo, porque realmente vives muchas cosas que te lo hacen pensar, pero no fue así hasta que llegamos a Dharamsala.
En Dharamsala, tenia un dolor muy fuerte en mi pecho izquierdo por causa de un bulto, que por  momentos pensé que tenía que regresar a México de urgencia, pero nunca mencioné nada, hasta que sucedió un milagro.

 

Caminaba por las calles y me sentía como en casa, la gente muy amable, mucha paz, era un  sentimiento de serenidad que me hizo sentir segura. Estaba junto con la maestra  Yhandira (gran amiga del alma) y ella me guió a una tienda de cuencos diciendo “Creo que te va a gustar, entra y ve qué pasa”, ella sabía que daba sesiones de cuencos en México y  que quería comprar un par de ellos. En esa tienda se encontraba mi actual maestro y guía en cuencos de bronce del Himalaya, Taj Pala.

Pasamos horas platicando y compartiendo nuestras diferentes herramientas y técnicas para dar  sanaciones y él me quiso mostrar lo que el hacia. Sinceramente, en ese momento lo que mas quería era platicar para adquirir todo tipo de conocimiento, ¡para mi era un sueño estar en ese lugar con un gran maestro! Pero insitio y accedí. Al día siguiente, me levanté para observar cuanto había crecido el bulto en mi pecho pero simplemente… ¡no tenia nada! Tuve muchos sentimientos encontrados en ese momento, no sabía si  asustarme, reír, llorar, así que fui directo a su tienda, lo abracé y le di las gracias. Fue en ese momento que Dios me dio todo para creer en los milagros, creer en mi, en la ciencia y “medicina oculta” que ofrecen los cuencos de bronce, confiar en las personas, en los ángeles terrenales, en que todo sucede por algo y lo agradecida que estoy a cada una de las personas que hizo posible este viaje.
En ese momento en que todo fue divino, platiqué con Dios y le dije, “Si yo viví un milagro y yo tengo las herramientas y conocimiento para ser testigo de otros milagros, lo haré. Estoy en tus manos para dar amor y ser testigo de lo que me quieras dejar ver”. Por eso y por muchas más cosas que me sucedieron en India, es por lo que el día de hoy soy  terapeuta de cuencos de bronce del Himalaya y sigo estudiando para poder sanar otros corazones con amor. Gracias a todas las personas involucradas en este viaje, almas y  corazones que hicieron que todo fuera posible.

Que Dios los bendiga.

Elízabeth Ferradás Somoza