¿Quién es éste, por qué sabe tanto, y por qué esto que sabe nunca me lo contó mi abuelo, o mi madre?

2018-05-15 Kiret Naam

Notas kundalinis (o de una primera vez)

La primera vez que tomé una clase de Kundalini Yoga estaba en mis muy verdes y tempranísimos veintes… Un día de camino al trabajo, un letrero sencillo colgado así nomás me llevó “por casualidad” a una escuela de yoga ubicada sobre Mariano Escobedo, en Polanco. Muy tímida entré a ver la tiendita del lugar y a tomar algunos folletos con la esperanza de un día soltar la desidia y volver a la que sería mi primera clase de yoga. Pero como el Cosmos sabía que me tomaría muchos años sacudirme la desidia, me mandó a una joven encantadora (Prabhu Atma) que se acercó para preguntarme si conocía Kundalini. Seguramente era casi de mi edad, pero cuando me habló, en su voz yo escuché profundidad y sabiduría. “No”, le respondí, y entonces me invitó a asistir ese mismo fin de semana a un taller de Introducción a Kundalini Yoga. Fue breve pero concisa. Algo en mí hizo clic: hice cuentas mentales y sin pensarlo demasiado me inscribí. Llegó el fin de semana, entré al salón de clase y un hombre sentado al frente con barba larga, turbante, vestimenta blanca y lentes ya me esperaba. Bueno, ya esperaba a todo el grupo, pero yo sentí que me estaba esperando sólo a mí. Me saqué de onda. No sabía en qué me había metido pero decidí confiar. Me senté… ¡y pum! Empezó a hablar, a hacernos preguntas. Con cada pregunta me sentía confrontada, me sentía retada, curiosa y también medio taruga. Pensaba yo: “¿quién es éste, por qué sabe tanto y por qué esto que sabe (que seguro lo sabe porque tiene ya algunas canas) nunca me lo contó mi abuelo, o mi madre?”. Con cada pregunta suya a mí me surgían dudas pero también se me aclaraban un montón. Era un estira y afloja muy agradable. Me gustaba que me retara y me daba risa la forma en la que lo hacía: directa, rasposa, honesta, sin muchos filtros. Mi risa a veces era de nervios y otras de pura alegría… ¡me conocía! Ese día conocí el Adi Mantra, aprendí a hacer ranas y también el significado de pagar por una clase de yoga (mi “lección del ocho infinito” que un día les contaré). Pero lo más importante: ese día conocí a mi maestro, Jai Hari Singh. Esta nota, que es más bien una de las historias de mi vida, aún no termina, es circular y casi se cuenta sola…

Ahora (muchos años después de esa primera vez) aquí estoy invitándolos a asistir a un taller de introducción a Kundalini que por primera vez daré, junto con una increíble maestra, Inderjot Kaur, llevando siempre bajo el brazo y en el corazón las enseñanzas de mi querido maestro Yogi Bhajan y de ese hombre de larga barba y lentes que sin prisa, con calma, paciencia, compasión y mucho amor me sigue guiando y enseñando en este camino de infinita sabiduría, autoconocimiento y autoiniciación. Kundalini es un camino de experiencia propia…autoexperiencia. Esta historia que les comparto queda muy corta en comparación con todo lo que Kundalini ha hecho por y para mí (¡y sigue haciendo todos los días!). Si tienen ganas de una experiencia real, auténtica y profunda con ustedes y para ustedes mismos, l@s invito a este taller, o a que asistan a una clase de Kundalini… una práctica que definitivamente no es para todos pero sí está abierta a todo el mundo. Gracias a mis maestr@s, de todas las vidas y todos los tiempos, por este inmenso regalo y por enseñarme a kundalinear en esta bonita vida que me ha tocado vivir.

Abrazos y bendiciones infinitas…

Sukhpal Kaur